Construyamos en base a la experiencia

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Más allá de la voluntariedad que nos ofrece la montaña, más allá de tener la inmensa suerte de compartir experiencias extraordinarias, tenemos la gran suerte de compartir el día a día con personas con diversidad funcional ya que somos profesionales técnicos en atención sociosanitaria. No hay día que no aprendamos de la gran capacidad de adaptación que pueden llegar a mostrar; más aún en esta cruda realidad donde la SARS-CoV-2 brota en cualquier rincón. Y es que de eso consta nuestra labor, de aprender y de seguir aprendiendo. Intentamos contagiarnos de aquellos preceptores que llevan años luchando para que la normalización pueda ser una realidad. Sin embargo, bien creemos que la formación es fundamental. Y cuando hablamos de formación, hablamos de praxis donde la teoría y la práctica dan vueltas en círculo. Hablamos de autoformación; hablamos de formación no formal; hablamos de formación formal. Es cierto que nadie tiene una verdad absoluta, pero si alguien profesa durante más de 30 años su experiencia haciendo uso de esa praxis llegamos a la conclusión de que su conocimiento debe servir como referencia ante sapiencias aún por moldear. Esto no determina que las hipótesis de esos nuevos letrados no tengan valía. Sin embargo, debemos ir construyendo entre todos y para todos la composición de lo que sería una montaña accesible.

Durante años nos hemos ido formando ya que entendemos la formación como algo que ayuda a innovar nuestra actitud hacia la montaña y hacia las personas durante toda la vida. Pero para ello es imprescindible no crear situaciones donde podamos poner en peligro nuestro entorno próximo. Hoy apreciamos un documento de la FEDME sobre montaña accesible creado por alguien que no sostiene esa experiencia que creemos que debe tener. Vemos varios apartados que pueden llegar a ser peligrosos para aquellos quienes creen que leyendo este documento está listo para “saltar” a la montaña y “sacar” a una persona con diversidad funcional[1]. Es cierto que no existe un documento tal, pero creemos más conveniente crear un plan formativo formal para luego ir creando documentos introductorios que faciliten a las personas formarse en montaña accesible. Y para ello es imprescindible contar con aquella gente que lleva años y años probando todo tipo de artilugios poniendo la seguridad por delante de todo. Y es que al igual que para ser guía de alta montaña se precisa de una titulación oficial, para ser un técnico de apoyo en montaña para personas con diversidad funcional también se debería.


[1] Términos que se escuchan en el día a día entre gente del gremio y que deberíamos rechazar rotundamente por ser nocivos y excluyentes

elkarrekin ibiliaz askoz hobe

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