Destellos

14:30


La lluvia asomaba por momentos desde que partimos. Durante los días previos la ciencias aplicadas nos avisaban de una tregua de unas horas dando luz verde a nuestra marcha. Sin embargo el viento insinuaba una dificultad extra a la tecnicidad del camino. Bien sabíamos que la magnitud de la ruta no era de gran preocupación, pero la exigencia era alta y cualquier vendaval aumentaría el riesgo de caída. Es cierto que nuestra experiencia hace que preveamos con mejor ojo cualquier trance pero es necesario poner todas las cartas sobre la mesa y pensar la realidad tal cual es. Sólo así conseguimos disfrutar de estas experiencias. Por suerte el viento se evadió de nuestro camino por momentos, he hizo más fácil la subida. Mientras, el ser que habita en la cueva abría las puertas de su morada mostrando su modestia. El Ojo se despejaba en todo su esplendor e hizo gala de su mejor vista para que pudiésemos ser cómplices de su belleza. Y ahí es donde vemos más allá y presenciamos la grandeza de Aitzulo. Una cueva donde no queda más que rendirnos a sus pies y a los pies de quienes son parte de nuestra pequeña expedición.

Este viaje, nunca hubiera sido igual sin Telmo, sin su propia familia o sin Sara Carracelas los cuales son toda una mirada donde poder reflejar los hitos de superación. Por eso, ir con ellos al gran Ojo nos hace abrir la mente y darnos ese toque de humildad. Y esos momentos, esos destellos, que menos que congelarlos para caminar. De ahí lo poco que sabemos y de ahí nuestra fortuna.

elkarrekin ibiliaz askoz hobe

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